comida

El pasado domingo 17 de noviembre 200 familias vascas e inmigrantes compartieron una comida en el marco de Bizilagunak-La Familia de al lado, una iniciativa impulsada por SOS Racismo. Los encuentros entre familias se llevaron a cabo en diversas localidades de la CAE: Gipúzkoa, Getxo, Basauri, Ermua y Bilbao.

 

En el caso de Bilbao 10  familias vecinas de San Francisco, Bilbao la Vieja y Zabala abrieron sus casas y  compartieron una experiencia de acercamiento y conocimiento mutuo, además de unas sabrosas y elaboradas comidas. Entre la diversidad de olores y sabores de cus cus, arroz, thiebu ganar, tabulé, guacamole, té verde, agua de jamaica... y la diversidad de lenguas como: wolof, soka, árabe de marruecos, amazig, inglés, euskera y castellano, se desarrollaron una serie de conversaciones en las que se desmontaron una serie de estereotipos y de prejuicios.

Muestra de ello ha sido el poder escuchar las experiencias vitales de jóvenes magrebíes quienes  compartieron sus aspiraciones y nos recordaron que su problema es una cuestión de falta de derechos y de estigma social y no tanto de convivencia, ya que consideran que en euskadi la juventud es abierta y tienen amigos y amigas vascos y de otros países. Las familias vecinas de toda la vida del barrio recordaron que San Francisco ha tenido históricamente mala prensa y expresaron que eso “no corresponde a la realidad de estos barrios” ya que comparten su orgullo por vivir en un barrio tan lleno de vida y diverso. Tampoco faltó en intercambio de opiniones sobre la crisis, la crítica a las políticas de recortes sociales y la preocupación por la alta tasa de paro, sobre todo en estos barrios.

Las personas dinamizadoras de las comidas también compartieron su experiencia:

“Me gusta que algo tan cotidiano como el comer pueda tener una dimensión tan profunda. Entre plato y plato esas familias desconocidas han dejado de ser el otro, el personaje invisible que se cruza en la calle. Eran simplemente dos familias contándose anécdotas y compartiendo sus opiniones sobre el barrio mientras los niños jugaban”.

“Ha sido una experiencia muy bonita, los niños se han entendido muy bien a pesar de las barreras idiomáticas... creo que es un medio muy bueno para crear relación entre personas que de otro modo no se hubiesen conocido”.

En todos los casos la experiencia ha sido muy enriquecedora y han estado tan a gusto que las familias quieren repetir. No faltó el intercambio de teléfonos para quedar otro día y compartir de nuevo una comida de domingo.